|
El
Príncipe (Atalaya, Barcelona,1988), texto escrito por el florentino
Nicolás Maquiavelo hacia 1513, se aprecia como la obra maestra del cinismo y la
doble moral. También se puede decir de esta obra que es un reconocimiento al
realismo político y a la lucha por el poder. En este texto se ha inspirado la
“razón de Estado” con la cual se ha pretendido justificar la represión a los
disidentes. Sí éste es, en efecto, el libro de cabecera de muchos de quienes
detentan el poder político y económico, vale la pena asomarse cuando menos al
capítulo XVIII, considerado el más escandaloso. Un texto que describe la lógica
de muchos tomadores de decisiones:
Todos
sabemos cuán loable es en un príncipe mantener la palabra dada y vivir en la
integridad y no con astucia; sin embargo, se ve por experiencia en nuestros
días cómo aquellos que han tenido muy poco en cuenta la palabra dada y han
sabido burlar con astucia el ingenio de los hombres, han hecho grandes cosas,
superando al final a aquéllos que se han basado en la lealtad.
Debéis,
pues, saber que hay dos modos de combatir: uno con las leyes; el otro con la
fuerza; el primero es propio de los seres humanos, el segundo de las bestias;
pero, puesto que el primero muchas veces no basta, conviene recurrir al
segundo. Por lo tanto, es necesario que un príncipe sepa actuar según convenga,
como bestia y como ser humano.
Un
señor prudente no puede, ni debe, mantener la palabra dada cuando tal
cumplimiento se vuelva en contra suya y hayan desaparecido los motivos que le
obligaron a darla. Y si los seres humanos fuesen todos buenos, ese precepto no
lo sería, pero como son malos y no mantienen lo que te prometen, tú tampoco
tienes por qué mantenérselo a ellos. Además, jamás le han faltado a un príncipe
motivos legítimos con los que disimular su observancia. Pero hay que saber
disfrazar bien la naturaleza y ser un gran simulador y disimulador: y los
hombres son tan crédulos, y tan sumisos a las necesidades del momento, que el
que engaña encontrará siempre quien se deje engañar.
Un
príncipe no ha de tener necesariamente todas las cualidades, pero es muy
necesario que parezca que las tiene. Es más, me atrevería a decir que son
perjudiciales si las posees y las practicas siempre, y son útiles si tan sólo haces
ver que las posees: como parecer compasivo, fiel, humano, íntegro, religioso y
serio; pero estar con el ánimo dispuesto de tal manera que si es necesario no
serlo puedas y sepas cambiar a todo lo contrario. Y hay que tener en cuenta que
el príncipe, y máxime uno nuevo, no puede observar todo lo que hace que
los hombres sean tenidos por buenos, ya que a menudo se ve forzado para
conservar el Estado a obrar contra la fe, contra la caridad, contra la
humanidad, contra la religión. Por eso tiene que contar con el ánimo dispuesto
a moverse según los vientos de la fortuna y de la variación de las
circunstancias se lo exijan, y como ya dije antes, no alejarse del bien, si es
posible, pero sabiendo entrar en el mal si es necesario.
Debe,
por tanto, el príncipe tener buen cuidado de que no se le escape jamás de la
boca cosa alguna que no esté llena de cinco cualidades, y debe parecer al verlo
y oírlo, todo compasión, todo lealtad, todo integridad, todo humanidad, todo
religión. Y no hay nada que sea más necesario aparentar que esta última
cualidad.
Frente
por la Cultura Laica
Busca
la colección completa de Cortos de Laica en la siguiente dirección:
http://www.libertadeslaicas.org.mx/paginas/Enciclopedia/EncicloCortosLaica.htm
Los
Cortos de Laica como Estampas Laicas:
http://www.17.edu.mx/index.php?cont=85
Otra
versión se halla en una interesante página publicada en Lima, Perú: http://www.cuerpoyderechos.info/home/seccion_detalle.php?ID=61
|