Lunes
24 de agosto 2009
Palabra de
Antígona
Por Sara Lovera
El golpe de
Estado en Honduras del 28 de junio último, encabezado por una junta
de militares que entregó a un grupo espurio los órganos del Estado,
ha puesto en la mesa de todos los análisis el tamaño de la agresión
de una nueva fase del capitalismo que no está dispuesto a abrir una
sola ventana democrática.
En Honduras
se está jugando el futuro de muchos de nuestros países. Analistas
van y vienen tratando de explorar cómo la fuerza de los grupos
de poder globales, actúan sin la más mínima cordura o ética, contra
los pueblos empobrecidos de nuestra América Latina.
Siendo como
es la nación hondureña, otrora patio de reserva de los intereses imperiales,
cuyos generales colaboraron con ‘la contra’ de Nicaragua y libres
sin vigilancia, también hicieron una guerra sin cuartel a sus opositores;
una nación donde, a pesar del cúmulo de atrocidades en su tierra,
ocultaron casi tres décadas, el carácter antidemocrático de su accionar
y hoy está queriendo instrumentar una normalidad de papel, que persigue
a sus opositores.
En este contexto,
con la condena y desconocimiento internacional, resiste su pueblo, y
de manera extraordinaria las mujeres, no sólo por su participación
incuestionable, sino por el protagonismo de un grupo de feministas que
se toparon de pronto con la realidad y confían en actuar y luchar en
esta noche que parece será larga, y tal vez dolorosa. No hay indicios
de una restitución constitucional, como se ha demandado.
Por ello, la
presencia de mujeres integrantes de ‘los Observatorios de Trasgresión
Feminista’, constitutivo de una visión que rebasa las prácticas
del feminismo institucional, e integrada por feministas de todo el continente,
fue de la mayor importancia. Encabezadas por ‘la Red Petateras’
estuvieron en el país y en directo, del 17 al 21 de agosto.
Ello fue muy
importante porque abrió un capítulo inmediato al análisis, la denuncia
y la gestión para proteger los derechos humanos de todas las hondureñas
que viven hoy en medio de la ilegalidad, el abuso y la barbarie.
Mujeres feministas
han dicho no a la inconstitucionalidad, no al golpe y no a los abusos
tradicionales y ofensivos a las mujeres.
En el frente,
un nutrido grupo de feministas llamadas a sí mismas como ‘en resistencia’,
acompañadas por esta iniciativa, abrieron el terrible capítulo de
contar, con datos y testimonios, las violaciones a los derechos humanos
de género, y un nuevo e importante capítulo para la lucha de las mujeres,
otrora sujetas al espejismo de un avance que hoy se ha quitado
la máscara a la simulación oficial, esa que se levanta en supuestos
gobiernos democráticos.
La visita a
Honduras, de 25 mujeres feministas, expertas en Derechos Humanos, dejó
claro que la fuerza bruta y el desmantelamiento institucional afecta
de manera precisa y clara a las mujeres: violadas, abusadas, perseguidas,
sin asideros para continuar sus programas, enfrentadas al límite de
instituciones que no son de ellas y en las que han creído.
Esa semana
la presidenta de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos,
Luz Patricia Mejía, dio lugar a recoger e informar de inmediato
de estas violaciones específicas que, en otros escenarios, tardaron
meses, si no años, para ser analizadas.
Los informes
recogidos por las feministas, que viajan por pueblos y comunidades como
vigías de las acciones de los gobernantes ilegítimos y las fuerzas
policíacas y armadas, la constatación directa de lo que significa
la debilidad de acuerdos, convenciones y alianzas, ofrece un espacio
para reconceptualizar las tareas que debe emprender la sociedad
civil, de cara a los dobles lenguajes del poder.
No serán hoy
suficientes, ni los manuales de género sin feminismo, ni la tecnocracia
de modelos acríticos de la igualdad de género, como le llaman a las
reivindicaciones feministas, introducidas en leyes, estructuras y promesas,
generalmente no cumplidas, y en aguda crisis frente a hechos como el
golpe en Honduras.
Los primeros
casi 60 días de imposición de la derecha extrema en un gobierno de
caricatura en Honduras, han dejado claro lo que ya sabíamos, como expresó
la abogada costarricense, Alda Facio: que en situaciones militarizadas
y de guerra, la violencia se ensaña en el cuerpo de las mujeres; los
militares y policías entrenados en la nueva idea de igualdad de género
les gritan mientras las amenazan de que deben volver a su casa; las
violaciones a mujeres de la sociedad civil, como la sufrida por Irma
Villanueva, en el municipio de Choloma (departamento de Cortés)
y los apresamientos extrajudiciales con golpes en glúteos y pechos,
tratando de introducirles el tolete entre las piernas y en la vagina,
son el horror del autoritarismo patriarcal que nos engaña, diciendo
que son las mujeres un tema de importancia, siempre y cuando ayuden
a mantener esa simulación de “espacios ganados”.
Es posible
que Honduras, hoy laboratorio del capitalismo salvaje, para detener
la ampliación de todas las libertades democráticas, para todos y todas,
también sea el laboratorio que permita a las organizaciones sociales,
a las feministas y a los campesinos e indígenas, a los débiles y maltrechos
partidos liberales, progresistas o de izquierda, replantearse estrategias
y nuevas vías, no sujetas a los mandatos de los órganos del Estado,
que se suman a la Organización de las Naciones Unidas que, en realidad
son los gobiernos unidos, y que no son, a todas luces, el camino para
la liberación de las mujeres o de las indias o campesinas. Hay otras
formas, otras maneras de luchar por la autonomía, la urgencia de organizar
a todas las mujeres en independencia de los órganos gubernamentales,
en plena libertad de pensamiento y acción.
Un desafío
que ya se halla, como saben las trasgresoras, en las mejores experiencias
del feminismo en autonomía, con una mirada de transformación profunda,
de sociedades que consienten el horror y la estulticia, porque siguen
pensando que las mujeres valemos menos que los hombres.
En la iniciativa
impulsada para verificar todas las impunidades resultado de las guerras
de liberación, de los desplazamientos forzosos que llevaron al crimen
en Acteal, que encubren con argumentos legaloides los crímenes de los
ejércitos ‘disque’ armando escenarios de seguridad, mancillan a
muchas mujeres.
Habría que
decir que ésta es una lección para nosotras las mexicanas, creyentes
de las instituciones, también espurias, que no pueden resolver el tamaño
del feminicidio, la discriminación y la exclusión de las mujeres,
si en el Estado y la nación no se practica la democracia, esa que no
tiene adjetivos, ni se resuelve explicando apretadamente que las imágenes,
el lenguaje y los contenidos de los medios de comunicación, hacen,
como en Honduras, que hoy muchas mujeres ‘tallereadas’ sin el mensaje
transformador, se hayan incluido entre los y las golpistas, a pesar
de que saben o se creía que sabían, qué es eso de la equidad de género.
Sólo es papel o discurso, todavía.
También Honduras
hoy ha dejado claro que no se puede convalidar a cualquier gobierno
ni cooperar con éste, cuando, como en México, da marcha atrás al
derecho fundante y humano de gobernar sobre nuestros cuerpos. De botín
de guerra, nuestros cuerpos también sirven para imprimir el control
y la enajenación por parte de esos gobiernos simuladores que dicen
que sí que es necesario que se transversalice la ciencia de
género, sin nombrar y señalar qué es feminismo y que el feminismo
es transformador y revolucionario; porque, si no es feminismo, es tecnocracia
de género.
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